La Verdadera Nancy Muerta

Posted on 2008/11/24 por

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¡Viva el Puente de Segovia!

Tengo una “buena” noticia que daros, y es que Susie Pop -aka La Verdadera Nancy Rubia– guitarra y corista del grupo que los que no lo sepáis lo podréis deducir, ha tomado una decisión que le honra y nos dejó ayer domingo, desde el popular templo de suicidas que es “El Viaducto” (de Segovia) en Madrid.

Siempre me cayó bien esta chica -la única con buen gusto y criterio musical del grupo liderado por la Vaqueriza Anoréxica. Pero a partir de ahora se va a sumar a mi larga lista de ídolos e ídolas. Porque sí, porque el suicidio mola, y molar no mola.

¡Ahí tus ovarios, Susie!

Y tras la nota de prensa viene  la segunda parte:

La cabecera ha sido corta, frívola y de moralidad ambigua, que bien podría extraerse de un descarte de las Nancys, porque si interpretamos el mensaje de sus canciones (sí, lo hay, aunque no lo parezca) como la filosofía del grupo no se puede decir precisamente que ésta sea políticamente correcta o responsable sino que responde, más bien, a un código de valores bastante cínico y trastocado.

En ellas se defiende la anorexia, la frivolidad hasta la muerte, la eterna juventud y el éxito por encima de toda ética. Dedicadle unos minutos a canciones como “Barbie debe morir” o “Moléculas Inestables” -ambas con letra de Nacho Canut, o “Haciendo majaradas” y comprobareis que comparten espíritu con la cabecera de esta entrada. Mención especial tiene la muy desafortunada “In & Out” donde la propia Susie afirmaba que es “out“, la feria del ganado y tirarse por “El Viaducto”: ¿Frivolidad inconsciente o ironía retorcida?

¿El suicidio mola? Todo es un punto de vista, pero nos costará encontrar una figura más controvertida que la del suicida. Héroe para algunos, cobarde para otros, pecador para muchos; el suicidio es un tema tabú, del que una sociedad hipócrita en la cual es obligatorio ser feliz aunque nadie lo consiga prefiere sustraerse. Desde ese punto de vista, el suicida -el perdedor por antonomasia- es un triunfador gracias al poder de la llamada justicia poética.

Justicia poética, sí: porque ante la inevitabilidad de la muerte, el asumirla voluntariamente llena al suicida de una enorme fuerza semántica que nos habla de contestación y de denuncia, y que perdura tras su marcha dejando atrás un buen puñado de desagradables incógnitas muy incómodas de contestar y ante las que la moral nos impone lamentar y hablar de tragedia, cuando en el fondo los que seguimos vivos nos sentimos culpables, porque entre todos, creamos y perpetuamos un mundo donde es doloroso vivir.

No conocí a Susie personalmente, así que no puedo ni llorar ni celebrar su pérdida; pero su figura artística me resultaba simpática, por poco que me gustasen las Nancys Rubias. Sin embargo, a través de esta catarsis, una transexual andaluza que tocaba en un conjunto mediocre y sobrevalorado va a convertirse en un oscuro icono del pop.

Y yo me alegro por ello.

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