Hijos de un goth menor (1ª parte): La sombra de Ian es alargada

Posted on 2010/03/25 por

6


La década que hemos dejado atrás tuvo como como característica más notoria, un flagrante ochenterismo- y dentro de él, la revitalización del viejo post-punk donde multitud de artistas han buscado no sólo nueva energía e inspiración estética para su sonido, sino las raices propias del movimiento alternativo y del rock moderno. Así que voy a dedicar varias entradas a comentar un poco que fué, que esta siendo y que será de esta gratificante bocanada de aire gélido.

Si bien podemos colocar a grupos noventeros como Placebo o Radiohead como claros preconizadores, la inauguración de este viejo nuevo sonido se aparece clara y meridiana, aunque paradójicamente no desde el Reino Unido sino desde la siempre moderna Nueva York, gracias a la publicación en el 2002 de Turn On The Bright Lights, la opera prima y maestra de los magníficos Interpol.

Los neoyorquinos abrieron la senda que revitalizaría la aburrida escena del Indie Rock  de los primeros dosmiles -marcada por el grungedepacotilla americano o por las ñoñas cenizas del britpop a lo Coldplay. Agotadas las fórmulas sesenteras-setenteras, no quedaba sino reconocer la evidencia: lo alternativo había nacido tras el bajón y la desilusión de la fallida revolución punk. Y en el Reino Unido no tardarían de recoger el testigo, con los londinenses Bloc Party y el carismático Kele OukeleleOukereke…

y, sobre todo, con Editors y el portentoso vozarrón del feapo (feo, pero guapo) Tom Smith redescubriéndo desde Birmingham los placeres del rock oscuro y amargo.

La publicación en el 2005 de sendos debuts Silent Alarm y The Back Room, indicarán que lo comenzado por Interpol iba a tener sólida continuidad, con gente que no sólo emulaba sino que incluso superaba su idea inicial. Así a partir de ese año podemos señalar la eclosión definitiva del renacimiento post-punk, que se debatirá entre esta atraccion por el lado oscuro y las aspiraciones comercialistas de emular a los otros grandes revivalistas del rock ochentófilo en su faceta más buenrollista y nuevaolera –Franz Ferdinand, The Killers, Artic Monkeys o The Strokes-. Así, a caballo entre el nuevo post-punk y la “nueva” new wave, surgirá una miriada de grupos cortados por ese mismo patrón de rock ambiguo e inquietante: The Bravery, Cinematics, Kasabian, Klaxons, Long Blondes, She Wants Revenge o White Rose Movement, entre tantos. Y me quedo con estos últimos, de triste actualidad por haber anunciado su separación esta misma semana.

Pero aun quedaba por reivindicar definitivamente el nombre propio de lo que en su momento fue el post-punk, Joy Division. Se necesitaba de algo más que una serie de grupos rindiéndole homenaje y una imagen con tanta fuerza como la del martir mancusiano era madera de apoyo extramusical. Y aquí es cuando entra en acción Anton Corbijn y su Control, la tan oportunista como bellísima recreación cinematográfica de la tragedia Iancurtisiana,  donde su actor protagonisma y también músico Sam Riley, consigue no sólo redescubrir a uno de los personajes clave en la historia del rock, eclipisado tras quince años de totalitarismo sesentero, sino también resucitarlo y golpearnos con él en nuestra puta cara, incluso para las fans más acérrimas del icono de Manchester.

Así que en una generación absolutamente audivisual era obvio que el film, apoyándose mútuamente con la efervescente escena musical, no dejaría de provocar una nueva oleada de admiradores de Joy Division, con gente como These New Puritans y sobre todo, White Lies, en primera fila. Y con éstos últimos -nuestros favoritos pop del pasado año-, termino este primer capítulo sobre el revival postpunk, con su último video y a a la vez canción favorita de nuestra querida comentarista Convidada, a la que le dedico el post después de sus ganas de felicitarme mi cumpleaños o lo que sea.

Seguiré en la siguiente entrada hablando del advenimiento de esta Nueva Edad de Hielo.

Anuncios