Lo + Mejor del 2011 para fanear (II)

Posted on 2011/12/29 por

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<<– Viene de Primera parte: del 38 al 20.

Segunda parte: ¡del 19 al 1!

19. El Columpio Asesino

Hay días que me siento rockera -pero no mucho- y además sin complejos -bueno, alguno que otro, y los navarricos El Columpio Asesino que nos fascinaron con el abanico de psicodelias de su anterior disco, volvieron a impactarnos otra vez con Diamantes, si bien su single “Toro” a puntito estuvo de quedárselo Carlota para su lista de petardeo, por lo explícitamente pachanguero que es y por la enorme cosica que produce su letra, que no sabes si considerar un guiltypleasure o un nuevo concepto lírica desestructurada. Pero en el disco abundan joyas de psicodelia etérea y mórbida aunque sensiblemente más pop que en La Gallina, tales como “Diamantes”, “Mgmt” o “Cisne de cristal”. La frikósmica voz de Cristina Martínez en estos dos últimos también hacen mucho.

“Cisne de cristal”

18. Odio París

Y el revival del indie tardo-ochentero (Drums, Pains of Being Pure, etc) no podía tardar tanto en llegar a nuestras tierras y así ha surgido la propuesta barcelonesa de Odio París con su debut homónimo y canciones tan imponentes como “Cuando nadie pone un disco”, “Ahora sabes” o “1 de noviembre”. Shoegaze cargadito de ruido blanco y melodías enganchonas de casi buen rollo y justa nostalgia, cual unos Planetas no demasiado pasados de rosca o bien los nombres arriba mencionados pero con una imagen bastante menos grimosa y mucho futuro.

17. Bon Iver

Bueno y de toda la avalancha de folkies de este año, el que ha vendido todo el pescado ha sido el amgo Justin Vernon, de ahí del msmo Wisconsin, que aquí con esa cara de arengaovejas ya por junio le habían llovido las pole positions en los rankings de disco del año. O sea, arrasando, con ese falsetto, su guitarrita y mucha y cuidada producción detrás, le ha salido un disco así de bonito, intimista y con un puntito AOR que le dota de elegancia e intemporalidad. Bon Iver huele -el disco, me refiero, aunque al músico no me importaría comprobarlo- a los húmedos bosques y a las cumbres nevadas de su tierra natal -y al cerrar los ojos y escucharle, te entra el fresquillo del relente vespertino y te vas a por una rebequita y todo.  Todo el disco mantiene el mismo tono de mantita, libro y hoguera pero destacan los dos singles, “Calgary” y “Holocene”, así como “Perth” y “Michicant”, realmente sobrecogedoras. Todo muy ideal para estar con el churri apretujadita junto a la chimenea en esos findes de meter románticos que las parejitas se buscan en alojamientos rurales por toda España para que luego les sirvan fabada Litoral.

16. Anna Calvi

Atención que tenemos nueva gran dama del rock. Esta joven británica -de apellido italiano e imagen “flamenca”- lo tiene TODO para constituirse en icono bollo de esta década: vozarrón, talento componiendo e interpretando, virtuosismo, apostura, carácter y sobre todo, una imagen absolutamente magnética que une sobre sí misma, atención: el estilo de PJ Harvey, la fuerza de Patti Smith, el talento vocal de Kate Bush y el glamour de la Siouxsie de Superstition. El año pasado ya sorprendió con “Jezabel”, pero en el 2011 ha publicado un discazo titulado bajo su propio nombre, que simplemente nos tiene enganchaditas y ya llevamos meses escuchándolo on repeat. Anna Calvi es un disco imperfecto aun, pero suena tan potente en su sencillez, donde los silencios cuentan tanto como los acordes y, bajo una producción sencilla pero muy efectista que no enmascara nada y que la hace sonar tan poderosa en su carácter como frágil en sus sentimientos, majestuosa y trágica. Adoramos a Anna Calvi y necesitamos más de ella, porque no tenemos suficiente con temazos como “Desire” -ese himno de amor frustrado y soledad-,”Blackout”,  “Suzanne & I” -y su bollerísimo video- o el grandioso final “Love won’t be leaving”. Anne, te amamos, ¡comenos tolonegro! ¡haznos tuyas!.

15. Björk

Mucho se dice que si Björk por fin a vuelto al pop, que si ahora vuelve a molar, que si Biophillia está a la altura de Medulla y de Homogenic y blablabla. Y a mí -que se me encienden las tripas de leer a tanta mamarracha que empezó a poner verde a la Guðmundsdóttir porque sus marcianadas habían traspasado lo cool-, sus idas de bola siempre me han parecido muy dignas y legítimas y congruentes con lo que es ella-, y por lo tanto no me resultan tan diferentes este disco y sus  inmediatamente anteriores, salvo que es más etéreo, melódico y algo más contenidas sus bizarradas sonoras. Es un disco delicado de temas muy delicados como “Christalline” o “Moon”,  pero también lleno de aristas cortantes y gelidez: “Hollow”, “Dark Matter”, “Sacrifice” o “Mutual Core”. Pero en conjunto de una gran unidad estilística, minimal y emocional (compuesto, como sabreis, mediante una aplicación de iPad diseñada en exclusiva para ella)

Porque claro, si es que ha vuelto al pop no iba a hacerlo en plan “uy, perdonad el desliz, pelillos a la mar”, renegándo de todo lo anterior y montándose un revival de su gran época (eso lo hace Alaska y se queda tan pancha, pero Björk, a pesar de los chuzos que le han caido por dejar de gustar a quienes la encumbraron en elogios, en ningún momento se ha arrepentido de lo que ha hecho, y eso es Biophillia, no un retorno al redil ni una súplica de perdón para recuperar a sus fans masivos, sino otro paso adelante. Lo que sí pasaba es que durante unos años su sonido había pasado de moda, pero da la casualidad de que ahora todo el downtempo noventero está de auge (con la chillwave y el dubstep que no dejan de ser un refrito de los cien mil ambients-whatever y del triphop) así que ahora los gurús que dictan lo que mola o no, pues deciden que ahora sí que sí, y Björk otra vez de cabeza de cartel de festivales. Oye, y muy bien que me parece.

14. Apparat

Aquí un frontolín prominenteY seguimos con electrónica introspectiva. La última entrega del alemán Sascha Ring, The Devil’s Walk,  muestra una clara inclinación pop desde los sonidos abstractos a los que nos tenía acostumbrados -si bien en su anterior fusión con Modeselktor, Moderat, ya apuntaba a una mayor importancia de voz y melodía y a un concepto de canción más tradicional. The Devil’s Walk es un elegante ejercicio de pop electrónico ambiental, lánguido y algo sombrío, repleto de preciosidades cristalinas como “Song of Los”, “Black Water”, “Goodbye” y “Ash Black Veil” que se colocan a la altura de los momentos líricos más intensos de Moby, The Notwist o The Postal Service en plan sin ritmo y que te hacen preguntar porqué este chico no se ha puesto a cantar así antes, con el falsetto tan bonito y lacrimógeno que tiene. Desde luego no es un disco para ponértelo y animarte, porque como te pille flojita acabas hecha una Madeleine. Avisadas quedais.

13. Death Cab For Cutie

¿Gafapasta, quién, yo?Y ya que he mencionado a The Postal Service vamos con lo último del proyecto principal de Ben Gibbard, que en esta ocasión viene a levantarnos un poquito el ánimo después de tanta tristontuna, pero no mucho, porque DCFC siempre se han caracterizado por un rock más bien languido y melancólico pero no es el caso del emocionante Codes and Keys, -aunque “Home is a Fire”, el temón que abre el álbum, o “St. Peter’s Cathedral” y “Stay Young, Go Dancing”, los que lo cierran, nos van a mantener en el bajón lloroso que llevamos-, sí que nos animarán la preciosidad de single a medio tiempo “You Are a Tourist”, o la rockista “Doors Unlocked and Open”, la inditronicopoppie “Monday Morning”, o la radiante “Underneath The Sycamore”, que bueno es de una alegría de excursión primaveral que casi sientes que te pica la nariz y todo.Y es que claro, siendo el marido de Zoey Deschanel, a ver quién no compone estas tontunadas tan bonitas, claro que ahora que ya se han separado y el siguiente disco será del Ben será otra vez de acabar hecha polvo por los suelos en plan pava -como el personaje de la Zoey en New Girl.

Y paro ya de darles coba a éstos que voy a parecerme ya a Virginia Díaz de 180º (Radio 3) que los menciona programa sí y programa también (pesadita eres, hija) aunque más vale que lo haga con ellos y no con Sidonie, que entonces sí que da pedo la tía.

“Underneath the sycamore”

12. Florence and The Machine

La carismática pelirroja ha consagrado su imagen de vocalese exuberante con Ceremonials, un disco mucho más pulido y homogéneo que su debut, -y bastante sobreproducido- en el que se aprecia una clara uniformidad estilística en preferencia por aquel sonido mayestático, atormentado y opulento sobre el que dejar lucir tanto su extraordinarioa fuerza vocal como su pose de dama prerrafaelista. El resultado es ese atractivo híbrido soul-gothic entre Beyoncé (o Adele) y Lisa Gerrard (más trapitos y poses de un cosplay de El Señor de los Anillos) que ya apuntaba en su debut pero ahora magnificado con mucha más arpa, coros, percusiones y todo lo que quepa hasta petarlo. Pero aunque tanto su voz como los arreglos son meritorios en si mismos, las composiciones, excelentes, quedan apagadas -e incluso llegan a cargar un pelín- al esforzarse tanto en demostrar que tiene dentro la bocina más potente de Londres. Temones como “What the water gave me”, “Shake it Out” o “Strangeness and Charm” nos hechizaron pero también nos dejaron con sordera temporal por tres días. Florencia, cari, que no hace falta gritar tanto, que tú vales mucho y nos caes muy bien, pero te has empeñado en provocarnos una minusvalía y no está el tema ahora como para necesitar acogerse a la Ley de Dependencia ¿sabes? Un besito.

11. The Drums

Del verano en la cuesta de la ola al bajón por su final: así se puede describir el paso del primer al segundo disco –Portamento– con apenas un año entre ambos, de este grupo que de igual manera ha pasado a coquetear abiertamente con el post-punk más que con la nueva ola happy y filosurfera que les dio a conocer cual explosivo hype. Entonces ¿se han convertido en un grupo triste y oscuro? No, qué va, “Money”, “Book of Revelation” o “What you were” mantienen las ascuas de sus pop exultante y alocado, pero mitigado con los nubarrones otoñales que se vislumbran en bellos temas a medio tiempo como “Please don’t leave”,  “If he likes it I’ll let him do it”, “In the cold”, “How it ended” o “What We Had” con mucho (muchísimo) de Smiths o The Sounds en ellos, ensombrecimiento que no es sino el reverso de tanta euforia, la fragilidad.

10. The Antlers

Etéreo, cadencioso y triste, sí, pero radicalmente opuesto al trágico tono de Hospice, Burst Apart es un bellísimo disco de desamor, de corazón roto reconstruyéndose, a veces sonriente o esperanzado “I don’t want love”, “French Exit” y otras abatido como “No Widows” o “Hounds”- de oscuridad de madrugada y despuntes del amanecer.Vamos como Adele pero sin el target maricaviejaquevademoderna. Bueno, en serio, un disco precioso y terapéutico para cuando has mandado al churri de turno a freir monkeys.

9. Nacho Umbert y La Compañía

Confirmándole ya como cantautor de los de guitarrita y acompañamiento -y en el más guapo del panorama nacional en su género-, introduciendo temas en catalán y manteniendo el mismo tono costumbrista que en su precioso debut en solitario del año pasado, No os creais ni la mitad es una joyita de pop de autor tan cercano y cálido (la voz de Nacho es como un tazón de colacao) como triste (tiene que ser bajonero o no puede ser cantautor) aunque siempre con la complicidad de una sonrisa irónica que iguala las historias más dramáticas (“El Sr. Esteve”, “Nuestra especialidad”, “El Mort i el Degollat”), con las más cómicas “Cuatro señoritas”, “La Moral Distraida”, “Superhéroe”). Como este hombre siga así, me voy a acabar quedando pilladita de él -y si mirais la foto de la derecha, no me negareis que no es para darle un ‘Sí, quiero’.

“El Sr. Esteve”

8. M83

El guapo gabacho Anthony González y su banda se han lucido este año con una joya dentro de otra. Para empezar, la que es la canción del año, “Midnight City” -el tema soñador perfecto- y en torno a ella, un album doble (sí, en estos tiempos que corren) Hurry Up, We’re Dreaming con las mayores aspiraciones sinfónicas -y según él mismo, inspirado en el Mellon Collie de Smashing Pumpkins. En él llega a elevar el shoegaze a un nivel épico al recargarlo con todo tipo de sonidos más allá del white noise guitarrero (coros, saxo, sintetizadores, etc) que rompen la tradicional cáscara introspectiva del estilo, explotando en un bigbang luminoso y apabullante. En esta masa de luz algo amorfa acaban destacando, junto a su single definitivo, temazos como “Steve McQueen”, “Echoes of Mine”, “Reunion” o la propia “Intro” del album, con la voz de Zola Jesus para añadirle un toque aun más preternatural. Chef d’Oeuvre, oigan.

“Steve McQueen”

7. Kate Bush

Pero la abuela de todas las gorgoriteras es -sin duda alguna-, la grandísima Kate Bush cuyo retorno nos ha brindado un disco que ha sido uno de los puntazos del año, un trabajo clasicista, ambiental y exquisito, 50 Words for Snow compuesto por temas (muy) largos -el más corto dura 6:49 minutos- y con la nieve en todas sus formas como fuente de inspiración. Y vemos a la nieve desde su formación en las nubes en “Snowflake” como símbolo de la pureza o la inocencia -no en vano está dedicada y co-interpretada con su hijo, el cual luce un talento vocal equiparable al de su madre-, a la intemporalidad del paisaje nevado como nexo que une a dos amantes inmortales condenados a vivir separados de “Snowed In at Wheeler St.” -con un dueto con Elthon John que quita el sentido, señores. Belleza en cantidades dificilmente tolerables por el mortal común.

6. St. Vincent

Pero junto al retorno de la gran diva cantautoril hemos asistido a la consagración de una aventajadísima discípula suya, la atractiva  y prodigiosa vocalista y multinstrumentista tejana Annie Clark, aka St. Vincent, o la actual joya de la corona de la escudería 4AD. En su tercer álbum, Strange Mercy, triunfa asimilando igualmente el sonido y la imagen de ida de la olla excéntrica de su ex-jefe Sufjan Stevens pero unido a sus encantadores gorgoritos. Retahila de temones sincopados y de eclectica combinación de electrónica, rock, y pose arty, como “Cruel”, “Surgeon”, “Northern Lights”, “Hysterical Strength” y prácticamente todo el disco, que es una gozada para que te escuches, sí o sí.

5. Cut Copy

El topicazo ese de que la calidad gana con el tiempo o que el buen vino se toma reposado se aplica que ni de perlas para el tercer trabajo de Cut Copy. Cuando llegó a nuestras manos, era tal la avidez y ansia uterina que teníamos por masturbarnos deleitarnos con lo nuevérrimo de los gurús australianos del electropop “bonito” que caimos presas de “esa” decepción que produce lo que no cumple tus expectativas porque las has subido demasiado. Pero luego se produjo el “efecto grower“, y esas canciones que te decepcionan al principio o que no te dicen nada, las dejas reposar, las escuchas entre otras, y entonces crecen y crecen y crecen y finalmente adquieren la dimensión que esperabas que tuvieran.

Pues eso es Zonoscope, el grower por antonomasia. En él no sólo se sacuden lo que les quedaba aun de New Order encima y rehuyen de aburrir con experimentos shoegaze, que a nadie interesan, sino que fusionan todo en un sonido límpido y grácil, sostenido sobre unas potentes percusiones que te menean hasta por dentro. Todo ello lleva la filosofía de bailar sola como agilipoyada enamorada a sus últimas consecuencias. “Need You Now” sí que fue el hit lloroso que nos enganchó desde el principio -y el único en su momento, pero fueron sumándose “Pharaohs & Pyramids” y su subidón tremebundo, la exótica “Blink and you’ll miss a revolution” para perroflautas modernos y el apoteósis final de “Sun God”casi quince minutazos de tema, con el que podrías estar así una hora, en plan multiorgásimca de la danza. ¿El tercero de CutCopy? Pues eso, maravilloso.

4. Wild Beasts

Smother ha sido el tercer disco de estos chicos de la Inglaterra profunda y su dandiesco sonido que ha evolucionado poco -quizá más sofocado como reza el título- con respecto al maravilloso Two Dancers. Sensual y fantasmal en igual medida, ambiguo y viril, como el armónico duo de voces de Hayden y Tom, Smother se va sucediendo con un temazo destrás del otro “Bed of Nails”, “Loop of The Loop”, “Plaything”, “Invisible”, “Albatross”, “End Come Too Soon” sin que apenas nos sobresaltemos porque no dejamos de estremecernos con este terciopelo de tristeza infinita, de calor de brasas a punto de extinguirse. Grandes una/cada vez más.

3. Gus Gus

Nuestra fascinación por Islandia –ese país– no puede jamás desvanecerse porque con trabajos como el de los veteranos Gus Gus, la maravilla titulada Arabian Horse,  queda claro que esa isla es un lugar a mitad de camino entre nuestro mundo y el más allá. Igual que sus paisanos Sigur Rós convierten el rock en hielo, Gus Gus nos demuestran que hay una gélida forma de hacer house que ellos pueden repetir y seguir siendo magistral. Piezas perfectas como “Over”, “Arabian Horse”, “Within You” o “Magnified Love” nos invitan a una danza intemporal, infinita, que se extiende a través de los eternos días y de las noches sin fin de las tierras boreales. Si con los simpáticos FM Belfast Carlota imaginaba lo que bailan los duendecillos vikingos, Arabian Horse nos trae la música que está sonando ahora mismo en los salones de Asgard, la que los hijos de Odín bailan en sus fiestas esperando el Ragnarok.

2. Other Lives

Ecos folkies para mi segundo nombre favorito del año, el de estos chicos de Oklahoma que parten de la misma onda del nuevo folk americano, melancólico y preciosista de Bon Iver o Iron & Wine, pero sumándole la contundente elegancia de The National, las etéreas experimentaciones de sus paisanos The Flaming Lips,  la barroca psicodelia de Sufjan Stevens o la sombría mirada de Radiohead. El todo resultante es el tremendo Tamer Animals, un disco que resume perfectamente todas esas influencias y la profunda transformación que están experimentando las músicas de raiz estadounidenses. Tamer Animals despega del folk para profundizar en el espacio profundo, en el éter o los mismos sueños. Lo podría llamar space folk y quedarme tan ancha, lo podemos llamar como queramos, pero ante todo hay que llamarlo maravilla.

1. Destroyer

El noveno álbum del canadiense Daniel Bejar ha supuesto el revival absoluto del saxo como instrumento que mola. Arrinconado en el baul de lo cutre, pero recuperado aquí para dotar de elegancia y sensualidad decadentista a esta absoluta maravilla de disco -que lo sería sin necesidad de ir vestidas de saxo y de ese pretendido aire yacht pop- pero cuya estética retro-innovadora le ha dotado de una originalidad única frente a otras propuestas revivalistas que han triunfado este año (folk, soul y shoegaze) Todo Kaputt transcurre onírico, líquido, y maligno, como la sintonía de los sentimientos más íntimos o de las más íntimas perversiones y es tan inmediato, tan suave, tan accesible, que su voluptosidad te atrapa al minuto para no dejarte escapar de sus texturas obnubilantes dispuestas en capas a descubrir, como un sueño húmedo dentro de un pesadilla, o viceversa. “Kaputt”, “Chinatown” o “Savage Night At The Opera” han sido los singles hasta ahora, pero que apenas destacan en un todo único y simplemente hipnótico. El disco más fané y frikósmico del año, de verdad, os lo juro.

Y hasta aquí por este año; se me han quedado muchos buenos discos fuera de la lista: los folkies Bill Calahan, Fleet Foxes o Iron & Wine, el renovado rap de Drake, las paridas de Bigott o la languidez de Cristina Rosenvinge, el Manel o Nacho Vegas, Neon Indian, Toro Y Moi, Wye Oak, Youth Lagoon, Moby, unos cuantos más, pero sólo podía haber 38 grandes… Así que, otra vez será chicos.

Y esto ha sido todo, ¡Os deseo un superfané 2012!

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